viernes, 16 de abril de 2010

Complemento de la lectura de "La Alegoría de la Caverna"


Alumn@s les dejo este video, como complemento de la lectura de "La Alegoría de la Caverna" de Platón.
Espero les sirva y les guste.
Atte. Lorena Leiva Cabrera

jueves, 15 de abril de 2010

La Alegoría de la caverna, Platón (República, VII)

Alumn@s, el siguiente texto "La alegoría de la caverna" de Platón debe venir leído y subrayado para la clase de la semana siguiente, éxito.
No olviden que "lectura no subrayada es .... " ya saben lo que continúa ...


La Alegoría de la caverna, Platón (República, VII)

El libro VII de la República comienza con la exposición del conocido mito de la caverna, que utiliza Platón como explicación alegórica de la situación en la que se encuentra el hombre respecto al conocimiento, según la teoría explicada al final del libro VI.


I - Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.

Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo-dijo.
- Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
- ¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
- Iguales que nosotros-dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
- ¿Cómo--dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
- ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
- ¿Qué otra cosa van a ver?
- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
- Forzosamente.
- ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
- No, ¡por Zeus!- dijo.
- Entonces no hay duda-dije yo-de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
- Es enteramente forzoso-dijo.
- Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera d alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
- Mucho más-dijo.

II. -Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra .?
- Así es -dijo.
- Y si se lo llevaran de allí a la fuerza--dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
- No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.
- Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
- ¿Cómo no?
- Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que. él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
- Necesariamente -dijo.
- Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
- Es evidente -dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
- ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
- Efectivamente.
- Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente "trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio" o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
- Eso es lo que creo yo -dijo -: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?
- Ciertamente -dijo.
- Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían; si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?.
- Claro que sí -dijo.

III. -Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del. sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la. región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
- También yo estoy de acuerdo -dijo-, en el grado en que puedo estarlo.

Según la versión de J.M. Pabón y M. Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª edición)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sexualidad e Identidad

Alumn@s este es el texto que deben llevar resuelto para la semana siguiente en sus cuadernos, el cual irá con nota de proceso. éxito,
un abrazo fraterno,

Lorena Leiva Cabrera

Sexualidad e Identidad

Dentro del mundo contemporáneo, se han producido grandes y muy importantes cambios en la concepción de la sexualidad, en su sentido y también en los modos de vivirla. Los nuevos estilos de vida, y en especial los medios de comunicación, han actuado de manera directa para que el tema de la sexualidad dejara el escondite en el cual lo introdujo la cultura y para sacar a la sexualidad a la luz del día, con principios y valores distintos a los antiguos.Rescatar el valor de la sexualidad ha implicado dotarla de nuevas significaciones y hacer frente a las creencias, juicios y prejuicios, normas y regulaciones de diversa índole. Los cambios en las significaciones se refieren, en primer lugar, a que la sexualidad no se reduce ni se agota en la genitalidad, es decir, en las partes del cuerpo del varón y de la mujer destinadas a la reproducción y a las que se les denomina órganos genitales. El sentido, la dimensión y los destinos de la sexualidad tienen que ver con aspectos personales, sociales y culturales muy específicos, entre los cuales se destacan comunicación interpersonal, el placer y el goce. Estas características hacen que la sexualidad humana sea absolutamente diferente a la de todo otro ser viviente.

Desde esta perspectiva, se entiende por sexualidad ya no una característica de un cuerpo, sino la totalidad del sujeto, ya sea mujer o varón. Ya no es una función que alguien ejerce de vez en cuando, sino aquello que define a todo sujeto en su integridad, tal como lo demuestra el nombre que cada quien posee y que le sirve para identificarse ante los otros de su propia cultura y lengua como mujer o como varón. Esta nueva perspectiva trata de rescatar, en su verdadero sentido y valor, la presencia de cada uno de los sujetos en el mundo, en cada uno de sus actos y en todas sus relaciones. Pretende, al mismo tiempo, reordenar los lugares de los géneros en la sociedad, en especial en favor de la mujer que, por su condición de tal, ha sido colocada en un lugar de sometimiento frente a los varones. Para la identidad no basta el cuerpo

Por qué referirse a la identidad sexual como una de las mayores tareas que compete a cada sujeto? ¿No basta, acaso, lo que el cuerpo de cada uno señala para que alguien sea, sin duda alguna, una mujer o un varón? Es verdad, el cuerpo y sus características conforman los primeros y grandes indicadores destinados a asegurar que nadie sea igual a otro, a que cada sujeto posea una identidad básica e indispensable. Así se entienden los problemas sociales y psíquicos por los que deben atravesar, por ejemplo, los gemelos univitelinos, es decir, los originados por la partición en dos de un mismo óvulo fecundado, que, por su inmenso parecido, suelen ser confundidos hasta por sus familiares más cercanos. Sin embargo, cuando se habla de identidad sexual, las marcas del cuerpo no son suficientes. En primer lugar, es preciso tomar en cuenta que el ser humano se caracteriza por vivir en constante duda, pues sabe que son imposibles las verdades y certezas absolutas incluso cuando se trata de sí mismo. A cada sujeto corresponde construir su identidad sexual de tal manera que se reduzcan a la mínima expresión toda duda y sospecha. Tarea difícil y compleja que no puede realizarse sino con el concurso activo, perenne y eficaz de muchos otros.

Los travestis constituyen un ejemplo muy claro de que no basta el cuerpo para la identidad sexual; por una parte, niegan su masculinidad al vestirse de mujer, la repudia, pues la considera inadecuada e impropia. No necesariamente quiere el travesti ser mujer, sino que se coloca en un nivel de negación que va más allá de todo lo que compete a su cuerpo de varón. Puesto que no sabe en qué consiste serlo, rechaza la masculinidad. Al mismo tiempo, niega la feminidad, puesto que pretende construirla sobre una estructura masculina negada, tan sólo mediante el valor del vestido, el maquillaje, las poses. De este modo se transforma en una falsa mujer y en un falso varón, al mismo tiempo. El travesti, más que ningún otro ser en el mundo, ignora en qué consiste ser mujer; por lo mismo, padece la más honda de las confusiones en lo que respecta a su identidad. Pero su mayor problema radica en que, desde esa confusión, se propone engañar y confundir a los otros, seducirlos con el único afán de que destruyan sus certezas y las cambien por una grave incertidumbre. Sin embargo, desde esta posición casi perversa, el travesti anuncia a todos que la sexualidad humana es un misterio que no se resuelve únicamente con las marcas de la anatomía en el cuerpo.El logro de identidad sexual exige un complejo proceso que se inicia con el nacimiento y aún antes de él y que se extiende a lo largo de la vida. Como dice Simone de Beauvoir, no se nace ni varón ni mujer; la sexualidad se hace mediante la intervención de muchos otros que aportan con sus deseos, sus fantasías, sus quereres y con su propia identidad sexual.

La identidad sexual es un proceso psíquico, social y cultural que se realiza mediante la intervención de una serie de modelos ofrecidos por la familia, la sociedad y la cultura; la identidad implica ser semejante, parecido a otros: cada varón y cada mujer se construyen de conformidad a otras mujeres y varones que se encuentran en el entorno familiar y social. Sólo al ser humano le corresponde este privilegio que hace que su sexualidad sea única e irreconciliable con cualquiera otra. Por ello, resulta del todo improcedente estudiar la sexualidad humana, en el laboratorio, con animales que obedecen a principios genéticos e instintivos y que jamás requerirán de modelos ni de principios éticos y culturales para dar cuenta de una sexualidad destinada, de manera exclusiva, a la reproducción. El ser humano es un producto de relaciones imagógicas: en la mamá y en el papá, como en una sala de espejos, niños y niñas se miran, producen imágenes, se ven reflejados y luego se identifican. ¿Cómo un niña podría decir yo soy igual a esa imagen, si carece de referentes, si nadie le sirve de espejo? La madre constituye el primer espejo en el cual se mira todo bebé. No importa si es niña o niño, la relación que el hijo establece con su madre es la primera y la más importante no sólo porque le asegura la supervivencia, sino también porque será, en gran medida, el modelo determinante de toda otra relación a lo largo de la vida.

Responda:

1) ¿Cuáles son los cambios referidos al ámbito de la sexualidad al que hemos asistido en los últimos años y qué lo ha provocado? Ejemplifique su respuesta.
2) Explique la frase “Para la identidad sexual no basta el cuerpo”.
3) Reflexione y dé argumentos sobre cuáles son las diferencias entre la sexualidad de los animales y la de los seres humanos.
4) Analice y fundamente ¿por qué es tan relevante la relación de tod@ niñ@ con su madre? >Dé ejemplos concretos.
5) Investigue y escriba al menos 5 citas o frases de personajes célebres respecto de la sexualidad humana, de todas ellas, escoja una que represente su pensar sobre el tema.

  © Blogger template 'Tranquility' by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP